
Hay pueblos que no necesitan grandes escenarios para emocionar: les alcanza con sus calles antiguas, el repique de las campanas y un pueblo entero abrazado a sus tradiciones. Así se vivieron las Patronales de Villa de Tulumba, donde la fe y la identidad del norte cordobés se hicieron sentir en una jornada inolvidable.
Este domingo 11 de octubre, alrededor de 20 mil feligreses se reunieron para honrar a la Virgen del Rosario. La imagen recorrió las calles en una multitudinaria procesión, en una postal cargada de emoción, promesas y devoción que volvió a mostrar el profundo sentimiento religioso de la comunidad.
Pero la celebración también tuvo el inconfundible sello criollo. Después de la procesión, los caballos tomaron protagonismo con los tradicionales desfiles, en los que participaron agrupaciones gauchas llegadas desde distintos puntos del norte cordobés. Entre pañuelos, monturas y aplausos, las costumbres de nuestra tierra volvieron a desfilar con orgullo.
Y cuando llegó el momento de la música, A Todo Folk puso a sonar el folklore para que la fiesta siguiera latiendo al ritmo de nuestras raíces.
La jornada se completó con puestos gastronómicos, ferias y visitantes que colmaron las calles de este rincón histórico de Córdoba. Sus antiguas viviendas, sus paisajes y su aire colonial convirtieron una vez más a Tulumba en un verdadero museo a cielo abierto.
Porque hay lugares que se visitan y otros que se sienten. Villa de Tulumba es de esos pueblos donde la historia se respira en cada esquina, la tradición se transmite de generación en generación y la fe reúne a miles de corazones.
Una vez más, el norte cordobés demostró que sus raíces siguen vivas y que, cuando un pueblo celebra lo que es, la fiesta se convierte en orgullo de toda una región.
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