En el corazón de la Docta, donde la historia se mezcla con las leyendas y las veredas todavía guardan ecos de serenatas y murmullos, se encuentra uno de los mitos más antiguos y queridos (o temidos) por los cordobeses: la leyenda de La Pelada de la Cañada.

Este relato de fantasmas, humor y tragedia, forma parte del folclore urbano que acompaña a la ciudad desde fines del siglo XIX y persiste en la memoria popular como una figura que, de tanto contarse, ya es casi de la familia.

¿Quién fue “La Pelada”?

Según la tradición oral, “La Pelada” era una mujer fantasmal, baja, robusta y completamente calva, que aparecía de noche o de madrugada en las zonas oscuras de La Cañada, ese arroyo que atraviesa Córdoba y que antes de ser encajonado, causaba frecuentes inundaciones.

Vestida de negro, con un manto que cubría su cabeza, solía acompañar en silencio a los trasnochados, llorar a su lado o, en su versión más macabra, descubrir su rostro cadavérico bajo la luz de los faroles. Este gesto bastaba para que cualquier borracho saliera corriendo sin mirar atrás.

El escenario: La Cañada y sus sombras

A fines del siglo XIX, la ciudad de Córdoba era una aldea aún con fuerte impronta religiosa. Las noches se iluminaban apenas con faroles de gas y el silencio solo se rompía con las campanadas de las iglesias o los pasos de algún coche tirado por caballos. En ese entorno, las zonas cercanas a La Cañada —especialmente desde las llamadas Cinco Esquinas hasta Pueblo Nuevo (hoy barrio Güemes)— se convirtieron en caldo de cultivo para cuentos, apariciones y miedos populares.

Los relatos abundaban: un comerciante turco que no podía bajarse de su caballo del susto, serenateros que terminaban empapados por una “inundación fantasma”, y vecinos que juraban haberla visto llorando a su lado, sin que nadie más la notara.

¿Fantasma o figura trágica?

Si bien para muchos se trata de un simple mito, otros sostienen que detrás del espanto hay una historia de horror. El escritor Hernán Lanvers sostiene que “La Pelada” fue una mujer víctima de una violación en 1920, arrojada a la Cañada y sobreviviente con secuelas mentales. Desde entonces, habría vagado por décadas por el barrio, llorando, asustando e incomodando, hasta que un día desapareció sin dejar rastro.

Esta versión, más humana y trágica, le da al mito un trasfondo social: la historia no de un alma en pena, sino de una mujer olvidada por la justicia, convertida en leyenda por la indiferencia.

Córdoba y su humor: el lado B del mito

Lo cierto es que, como todo relato cordobés, la leyenda también tiene su lado humorístico. Entre los testimonios más recordados se encuentra el del mencionado comerciante que, tras ser asustado, le decía al comisario:

> “Pasar señur comesario, que la Belada de la Cañada asustó al caballo mío y ahora no dejar bajar al pobre turco…”

O el del popular Don Chacho, bebedor profesional del barrio Güemes, quien tras una noche de farra terminó rodando por el calicanto tras escuchar a la Pelada advertirle que se venía la inundación. Esa misma noche, junto a la piadosa Doña Dolinda, casi mueren arrastrados por el agua, pero terminaron casándose poco después, como todo buen cuento de Córdoba.

El final del mito (¿o no?)

Con la gran inundación de 1939 y la posterior canalización de La Cañada, las apariciones de “La Pelada” comenzaron a disminuir. Algunos dicen que con el calicanto murió el mito; otros creen que simplemente se adaptó a los tiempos.

Aunque no se la ha vuelto a ver con frecuencia, los vecinos más antiguos aún recomiendan no caminar solos por la Cañada después de medianoche, “por las dudas”. Como suele decirse: en Córdoba, lo que no se ve, no significa que no esté.

Un personaje eterno

Hoy, “La Pelada de la Cañada” sigue siendo parte de los relatos de la ciudad. Está en poemas, canciones, libros como Duendes en Córdoba de Azor Grimaut, y en la voz de los vecinos que, entre mate y escoba, todavía recuerdan aquellas madrugadas en las que un lamento misterioso cortaba el silencio del barrio.

Más que un mito, una identidad

“La Pelada” es testimonio de una Córdoba que existió, pero también de una Córdoba que vive: una ciudad que transforma el miedo en cuento, la tragedia en chisme, y el espanto en carcajada. Una ciudad donde hasta los fantasmas tienen tonada.

¿Vos también escuchaste hablar de La Pelada? Contanos tu versión.

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