
Cada 7 de agosto, miles de fieles se acercan a iglesias y santuarios de todo el país para rendir homenaje a San Cayetano, uno de los santos más venerados de la Argentina. La mayor concentración de peregrinos se registra en el Santuario de Liniers, en Buenos Aires, donde desde la madrugada se forman largas filas de personas que llegan para agradecer, cumplir promesas o pedir por trabajo, salud y el sustento de sus familias.
San Cayetano de Thiene nació en Vicenza, Italia, el 1 de octubre de 1480. Tras estudiar Derecho, decidió dedicar su vida al sacerdocio y al servicio de los más necesitados. En 1524 fundó la Orden de los Clérigos Regulares Teatinos, una congregación orientada a la renovación espiritual, la austeridad y la asistencia a los pobres.
El santo falleció el 7 de agosto de 1547 en Nápoles, fecha que la Iglesia Católica estableció para su conmemoración. Fue canonizado en 1671 por el papa Clemente X.
Aunque originalmente era conocido como el Santo de la Providencia, en la Argentina su figura comenzó a asociarse con el pan y el trabajo durante la crisis económica de la década de 1930. Desde entonces, la tradicional espiga de trigo se convirtió en el símbolo de la esperanza de que nunca falten el alimento ni el empleo en los hogares.
Cada año, la celebración reúne a trabajadores, desempleados, jubilados, familias y jóvenes que encuentran en San Cayetano un símbolo de fe y esperanza frente a las dificultades económicas. La histórica frase «San Cayetano, danos pan y trabajo» continúa siendo el pedido que une a miles de argentinos en una de las manifestaciones religiosas más convocantes del país.
