
Durante más de 200.000 años, el Homo neanderthalensis habitó Europa y parte de Asia. Su existencia salió a la luz en 1856, cuando unos trabajadores hallaron huesos en una cantera del valle de Neander, cerca de Düsseldorf. El descubrimiento cambió para siempre la idea de que los humanos siempre habíamos estado solos.
Hoy sabemos que neandertales y Homo sapiens llegaron a encontrarse y tuvieron descendencia. Las poblaciones actuales de origen no africano conservan, en promedio, entre un 2% y un 4% de ADN neandertal. Sin embargo, la desaparición de aquellos grupos hace unos 40.000 años continúa siendo uno de los grandes enigmas de la prehistoria.
Una hipótesis planteada por el investigador Ludovic Slimak sostiene que el aislamiento y la fragmentación de las comunidades neandertales pudieron ser determinantes. Según esta interpretación, existieron intercambios entre poblaciones y cruces con sapiens, pero la integración genética nunca fue completa. De hecho, los restos de los últimos neandertales conocidos no muestran la misma presencia de ADN sapiens que sí aparece en algunos sapiens tempranos.
La genética también está revelando que aquella herencia no fue necesariamente beneficiosa en todos los contextos. Un estudio publicado en Genome Biology and Evolution analizó variantes neandertales y su relación con la carga de determinados virus de ADN. Los investigadores identificaron 18 regiones genéticas asociadas con cargas virales más elevadas en cinco virus analizados. Los autores advierten que una variante que pudo resultar útil frente a antiguos patógenos no necesariamente ofrece la misma protección frente a los microorganismos actuales.
Mientras tanto, nuevos hallazgos permiten conocer mejor cómo vivían. En Bélgica, los restos de una niña neandertal de unos ocho años, conocida como la Scladina, aportaron información sobre el crecimiento infantil y la genética de estas poblaciones. Sus dientes incluso conservaron señales relacionadas con etapas de estrés fisiológico.
Lejos de la imagen del “bruto” prehistórico, los neandertales fabricaban herramientas, trabajaban madera, utilizaban recursos animales y vegetales y existen evidencias de comportamientos simbólicos.
Su desaparición probablemente no tuvo una única causa. Competencia con sapiens, cambios climáticos, poblaciones pequeñas, aislamiento y transformaciones ambientales son algunas de las hipótesis estudiadas. Lo que sí permanece es una certeza: los neandertales se extinguieron como población, pero una parte de ellos todavía vive en nosotros.
