
Lo que debería ser un edificio modelo de la administración pública se convirtió en el centro de una fuerte denuncia por abandono. Los baños del tercer piso del Palacio 6 de Julio, sede de la Municipalidad de Córdoba, presentan un estado deplorable: puertas volteadas, inodoros faltantes, ausencia de papel higiénico y un penetrante olor a orina que se vuelve insoportable a medida que se avanza por el edificio.
Según lo denunciado, el hedor comienza a sentirse desde los primeros escalones de la explanada, se intensifica en el sector de los ascensores y alcanza niveles nauseabundos al llegar al tercer piso. Una situación que expone serios interrogantes sobre las condiciones de higiene, mantenimiento e infraestructura en el propio corazón del municipio.
La polémica crece al poner el foco en las prioridades de la gestión. Mientras se destinan importantes recursos a la pauta publicitaria, ¿cómo es posible que las instalaciones de la propia Municipalidad presenten semejante deterioro? Los empleados que trabajan allí también merecen baños limpios, instalaciones en condiciones y un entorno laboral digno.Y hay otro dato que agrava el escenario: Córdoba se prepara para vivir una nueva edición de la Feria del Libro, un evento multitudinario que tendrá lugar a pocos metros del edificio municipal. En ese contexto, el estado de las instalaciones vuelve a poner bajo la lupa la capacidad de mantenimiento y respuesta de las autoridades.
La pregunta apunta directamente a la conducción municipal y al intendente Daniel Passerini: ¿qué está pasando con el mantenimiento del Palacio 6 de Julio? ¿Por qué algunas partidas parecen tener prioridad mientras cuestiones básicas de higiene e infraestructura quedan relegadas?
El edificio que representa a la ciudad debería ser una muestra de gestión, no una postal de abandono. Ahora, la responsabilidad de dar explicaciones y resolver el problema está en manos del municipio.
