Una pared de agua, lodo y escombros descendió con una fuerza devastadora y en cuestión de minutos arrasó carreteras, viviendas, puentes y comunidades enteras. Nepal enfrenta una de sus jornadas más dramáticas tras la violenta riada que golpeó este miércoles el distrito de Rasuwa, cerca de la frontera con el Tíbet, en China.

La emergencia se produjo luego de un evento que las autoridades todavía investigan. Entre las hipótesis preliminares aparece un terremoto que habría provocado un deslizamiento o una avalancha de hielo y rocas, bloqueando temporalmente el cauce de un río. La posterior liberación repentina del agua habría desencadenado la gigantesca inundación.

El balance continúa cambiando a medida que los equipos de rescate logran acceder a las zonas afectadas. Las últimas informaciones hablan de decenas de muertos y más de 400 personas cuyo paradero permanece desconocido.

Entre los desaparecidos se encuentran cientos de viajeros y peregrinos que transitaban por esta región montañosa, una importante ruta hacia el Tíbet y el monte Kailash. Nepal también confirmó que hay ciudadanos extranjeros entre las personas que no pudieron ser localizadas.

Las imágenes que llegan desde Rasuwa son estremecedoras: vehículos arrastrados por la corriente, edificios cubiertos de barro, caminos destruidos y comunidades aisladas por la fuerza del agua.

El Ejército y la Policía de Nepal desplegaron helicópteros y equipos de emergencia en una carrera contrarreloj para encontrar sobrevivientes. Del otro lado de la frontera, China también puso en marcha operativos de rescate tras los graves daños registrados en el Tíbet.

Mientras continúan las tareas de búsqueda, la tragedia vuelve a mostrar la enorme vulnerabilidad de las regiones montañosas del Himalaya frente a inundaciones repentinas, deslizamientos y fenómenos extremos.

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