Como cada año, miles de personas se congregan hoy en el santuario de San Cayetano, en el barrio porteño de Liniers, para rendir homenaje al santo más venerado por los trabajadores en Argentina. La jornada, marcada por la fe y el agradecimiento, tiene como lema central el pedido de «pan, trabajo y paz», en un contexto social donde estas necesidades vuelven a cobrar especial relevancia.

San Cayetano, considerado el patrono del pan y del trabajo, falleció el 7 de agosto de 1547, y desde entonces su figura ha sido símbolo de esperanza para quienes enfrentan situaciones de pobreza, desempleo o dificultades económicas. En Argentina, su devoción se arraigó profundamente a principios del siglo XX, traída por inmigrantes italianos que difundieron su culto.

Desde la madrugada, miles de fieles se acercaron al santuario con imágenes, estampitas y velas, para agradecer por los favores recibidos o pedir ayuda en momentos de necesidad. La fila para ingresar al templo se extiende por varias cuadras, mientras voluntarios y organizaciones solidarias acompañan a los peregrinos con alimentos, abrigo y asistencia.

«Vengo todos los años a agradecer por el trabajo de mis hijos», contó Graciela, una vecina de Merlo que llegó caminando junto a su familia. Como ella, muchos otros fieles se movilizan en procesiones desde distintos puntos del país, manteniendo una tradición de fe que trasciende generaciones.

El arzobispo de Buenos Aires, durante la misa central de la mañana, destacó que «el mensaje de San Cayetano es más actual que nunca: la dignidad del trabajo, el cuidado del otro y la solidaridad con los que menos tienen».

La jornada continuará con misas, procesiones y actividades solidarias durante todo el día. La celebración es también un reflejo del sentir popular en tiempos de crisis, cuando la fe se convierte en sostén para miles de familias que buscan consuelo y esperanza.

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