El lunes 22 de julio fue el día más caluroso jamás registrado en todo el mundo, ese día la temperatura media mundial del aire en la superficie subió a 17,15º Celsius. Es el 2do año consecutivo en que las temperaturas globales promedio alcanzan récords climáticos impactantes.

Según el Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Unión Europea, ese día la temperatura media mundial del aire en la superficie subió a 17,15 grados Celsius (62,87 grados Fahrenheit).

Los datos satelitales provisionales publicados por Copernicus a primera hora del miércoles mostraron que el lunes se batió la marca del día anterior en 0,06 grados Celsius (0,1 grados Fahrenheit).

Es el segundo año consecutivo en que las temperaturas globales promedio alcanzan récords climáticos impactantes y no será el último, ya que la contaminación por combustibles fósiles que calienta el planeta eleva las temperaturas a nuevos máximos impactantes.

Hay que tener en cuenta que el último gran récord de temperatura tuvo lugar el 13 de agosto de 2016, cuando se alcanzaron los 16,8ºC. Esa marca, desde el verano de 2023 hasta ahora, ha sido superada ya en 58 ocasiones.

Los científicos del clima afirman que el mundo está ahora igual de caliente que hace 125.000 años debido al cambio climático causado por el hombre. Aunque no pueden asegurar que el lunes haya sido el día de más calor a lo largo de ese periodo, no se habían visto temperaturas medias tan elevadas desde que los humanos desarrollaron la agricultura.

Se estima que las concentraciones de dióxido de carbono (CO2), metano y óxido nitroso, alcanzaron niveles récord en 2022 y continuaron aumentando en 2023. En un día normal de 2023, casi un tercio de la superficie del océano se vio afectada por una ola de calor marina, que dañó ecosistemas y sistemas alimentarios vitales. Asimismo, las temperaturas de la superficie marina en el golfo de México y en el Caribe, y la marca del fenómeno El Niño produjo alteraciones en los regímenes de lluvias y sequías en la región. En tanto, los glaciares sufrieron la mayor pérdida de hielo registrada desde 1950, con un derretimiento extremo tanto en el oeste de América del Norte como en Europa.

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