
Millones de musulmanes de todo el mundo participan por estos días en el hajj, la tradicional peregrinación a La Meca, en Arabia Saudita, considerada uno de los cinco pilares fundamentales del islam.
La peregrinación reúne cada año a fieles que llegan desde distintos continentes para cumplir con un mandato religioso que, según la tradición islámica, todo musulmán debe realizar al menos una vez en la vida si tiene salud y medios económicos para hacerlo.
El centro espiritual del hajj es la Gran Mezquita de La Meca, donde se encuentra la Kaaba, el lugar más sagrado del islam. Allí, los peregrinos realizan una serie de rituales que simbolizan purificación, igualdad y entrega a Dios.
Vestidos de blanco, miles de creyentes recorren siete veces la Kaaba y avanzan entre Safá y Marwa antes de dirigirse al monte Arafat, donde el profeta Mahoma habría pronunciado su último sermón. La jornada en Arafat es considerada el punto culminante de la peregrinación.
Luego, los fieles pasan por Muzdalifa y Mina, donde realizan la tradicional “lapidación del demonio”, arrojando piedras contra pilares que representan las tentaciones enfrentadas por Abraham, figura central para las religiones monoteístas.
La edición de este año se desarrolla bajo temperaturas extremas que superan los 40°C en varias zonas de Arabia Saudita. Equipos de voluntarios distribuyen agua, alimentos y sombrillas para asistir a los peregrinos durante los rituales, que se realizan en gran parte al aire libre.
Más de 1,5 millones de personas participan del hajj en 2026, en medio de tensiones internacionales y fuertes medidas de seguridad desplegadas por las autoridades sauditas.
