El mundo del folclore argentino está de luto. Este viernes 4 de julio falleció Luis Federico Córdoba, reconocido cantante, compositor y referente indiscutido de la música popular del norte argentino. Tenía 73 años y venía atravesando un delicado cuadro de salud que lo había alejado de los escenarios en los últimos meses.

Nacido el 17 de julio de 1951 en San Ramón de la Nueva Orán, provincia de Salta, Córdoba fue uno de los pilares fundamentales del grupo Las Voces de Orán, conjunto que fundó en 1969 junto a Martín Zalazar y Roberto “Ucacha” Franco. En 1972, la agrupación alcanzó la consagración nacional al ganar el Festival de la Canción de Cosquín con la emblemática “Chaya de los pobres”.

Su potente voz, su calidez interpretativa y su fuerte arraigo en la identidad cultural del norte argentino lo convirtieron en un símbolo del folclore tradicional. Como compositor, dejó una obra prolífica, entre la que se destacan canciones como:

  • Amar es un verbo triste” (con Roberto Franco y Hugo Alarcón)
  • Chacarera para un cantor” (con Chango Nieto y Andrés Cáceres)
  • El robadito” (con Oscar Cuellar y Oscar Valles)
  • El verde se llama Orán” (con Hugo Alarcón)
  • Están que arden los carnavales” y “Florcita de carnaval” (con Chango Nieto)

Durante más de cinco décadas, Las Voces de Orán recorrieron escenarios de todo el país, llevando con orgullo el nombre de Salta y del noroeste argentino a festivales como Cosquín, Jesús María, La Serenata a Cafayate y La Chaya. Córdoba fue el alma del grupo y su figura más emblemática.

Su fallecimiento generó una profunda conmoción en el ambiente artístico y cultural. El músico Chaqueño Palavecino, quien lo consideraba su “padrino artístico”, expresó: “Se fue un grande. Su voz se apaga, pero su huella será imborrable”.

La Municipalidad de San Ramón de la Nueva Orán decretó tres días de duelo oficial y prepara homenajes en su memoria. Aún no se han confirmado detalles sobre el velorio ni el lugar de despedida.

Federico Córdoba será recordado no solo por su talento, sino también por su humildad, su compromiso con la cultura popular y su profundo amor por su tierra. Su legado seguirá vivo en cada peña, en cada zamba y en el corazón del pueblo que tanto lo quiso.

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