
Titan, el sumergible que llevó a cinco pasajeros a la zona del naufragio del Titanic en el Atlántico Norte, está desaparecido desde el domingo y según estimaciones ya se ha quedado sin oxígeno. Subir a bordo de esta nave implicó aceptar ciertas incomodidades a lo largo de las aproximadamente diez horas que debería haber durado el viaje.
El terrible límite ha llegado. Las 96 horas iniciales que los expertos habían teorizado hasta que se agotasen las reservas de oxígeno en el interior del submarino Titan ya se han terminado. Mientras tanto, los investigadores siguen su búsqueda en el océano Atlántico, donde en algún sitio se esconde el sumergible cuyo destino final era visitar las ruinas del Titanic, aquel crucero transatlántico que conoció la fatalidad la madrugada del 15 de abril de 1912.
La búsqueda sigue acrecentándose en una operación contrarreloj y sólo un milagro se espera para rescatar a los tripulantes. Aún no lo han detectado, están buscando en un radio de 29 mil kilómetros cuadrados con una profundidad de 4 km. No se sabe si está en el fondo del mar o en la superficie, pero lo más probable es que por algún desperfecto quedó alojado debajo de las aguas.
El buque de la Guardia Costera canadiense John Cabot llegó el miércoles al área del incidente junto con los barcos comerciales Skandi Vinland y Atlantic Merlin. Un equipo C-130 también fue desplegado en la zona para continuar con la búsqueda.
Este miércoles se detectaron sonidos submarinos en el área circundante, lo que obligó a redireccionar las operaciones de vehículos operados a distancia (ROV) para explorar el origen de estos ruidos. Las grabaciones fueron compartidas con la Marina de los EEUU para su análisis.
Las condiciones meteorológicas, que el martes habían dado un respiro, empeoraron a primera hora de la tarde del miércoles, añadiendo complejidad al abismo oceánico y a la profundidad alcanzada por el Titan. Según los guardacostas estadounidenses, en la zona de búsqueda se han registrado en las últimas horas olas de dos a tres metros de altura y vientos con rachas de hasta 50 kilómetros por hora. El mal tiempo se prolongó hasta la medianoche, tras el paso de un frente tormentoso. Si los cinco tripulantes continúan con vida, excluyéndose escenarios tales como un incendio o una inundación a bordo, lo han hecho en condiciones de habitabilidad extremas: en el cilindro de titanio y fibra de carbono no hay asientos, solo una única ventanilla de 21 pulgadas, unos 53 centímetros de diámetro. No mucho más se necesitaba para el corto viaje previsto, como los dos realizados hasta la fecha, con una duración de 10 horas entre el descenso, una exploración de dos horas y media en torno al pecio del Titanic, a 4.000 metros de profundidad, y la subida. Si el aparato fuera localizado íntegro, el desafío sería reflotarlo hasta la superficie, dado su peso.
La tragedia del hundimiento del Titanic en 1912 sigue dejando una huella imborrable en la historia, y ahora ha vuelto a cobrar protagonismo con el reciente desaparecimiento de un submarino durante una visita a los restos del famoso barco. En esta ocasión, los medios británicos informan que la esposa del piloto y director general del sumergible Titán, Wendy Rush, es la tataranieta de una rica pareja neoyorquina (Straus) que perdió la vida en el fatídico evento.
En el interior del sumergible desaparecido en el Atlántico van cinco personas: Paul-Henry Nargeolet, explorador francés; Stockton Rush, director ejecutivo de OceanGate; Hamish Harding, un empresario y explorador multimillonario británico; Shahzada Dawood y su hijo, Suleman Dawood, millonarios de Pakistán.
El viaje le costó 250.000 dólares a cada persona por lo que el montante total para la empresa organizadora asciende hasta los 1.250.000 dólares.
