
La guerra en Sudán, iniciada en abril de 2023, ha desencadenado una de las crisis humanitarias más graves del mundo. El conflicto enfrenta al ejército liderado por Abdel Fattah al-Burhan y a las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), encabezadas por Mohamed Hamdan Dagalo, señaladas por diversas fuentes por recibir apoyo externo, incluyendo a Emiratos Árabes Unidos.
Desde entonces, el país ha quedado devastado. En la capital, Jartum, y en regiones como Darfur, los combates han destruido hospitales, viviendas e infraestructura clave. Millones de personas han sido desplazadas, muchas obligadas a huir hacia países vecinos como Chad.
La población civil enfrenta las peores consecuencias. Informes de organizaciones humanitarias documentan asesinatos, violencia sexual y desplazamientos forzados. En ciudades como El Fasher, los enfrentamientos han provocado miles de muertes, mientras el acceso a alimentos, agua potable y atención médica es cada vez más limitado.
El sistema sanitario está colapsado y el hambre avanza rápidamente. Familias enteras sobreviven sin servicios básicos, dependiendo de una ayuda internacional insuficiente. La Corte Penal Internacional investiga posibles crímenes de guerra y de lesa humanidad cometidos durante el conflicto.
A casi tres años del inicio de la guerra, la violencia continúa y la crisis se agrava. Para millones de sudaneses, la vida diaria se ha convertido en una lucha constante por sobrevivir.
