La noche se pintaba en un lienzo con la Plaza Próspero Molina colmada y de fondo el campanario de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario, con una media luna perfecta que se asomaba apenas más arriba y que atestiguaba lo que sucedía en el escenario Atahualpa Yupanqui.

Y es que el Raly Barrionuevo se presentaba sólo, rodeado de instrumentos, sin bandas, con el desafío de volcar sus canciones al público. Lo dijo en la conferencia, no llevaba una grilla de temas, los que me surgía los cantaba. Pero le dio un tinte de encuentros genuinos cuando cantó «Zamba y Acuarela» con Soledad Pastorutti, una Sole que no debía estar ahí pero que le llamó desde su descanso familiar y le dijo: quiero cantar en Cosquín Zamba y Acuarela.

El encuentro fue genuino, como también lo fue luego con Jorge Rojas, que si bien son amigos y hasta han guitarreado juntos en sus visitar hogareñas lejos de los festivales, nunca habían compartido escenario.

Que decir de Jorge Rojas, que cerró la noche coscoína, pareciera que cada vez canta mejor, es un ícono de la música popular argentina, por carisma, por la voz que tiene, por sus canciones, por su profesionalismo, porque nunca se olvida de sus raíces, del patio de tierra, y de todo el mundo recorrido.

Encuentros genuinos porque Chaco Andrada de La Callejera se subió al escenario y cantaron juntos Adrian Maggi, genio del canto surero, que toda la vida cantó en soledad, esa soledad que disfruta como modo de vida, pero que quiso salir de su zona de confort para deleitar a los presentes.

No podemos dejar de nombrar a la gran Roxana Carabajal, aquejada por su situación personal, pero que cuando se sube a un escenario es la chacarera misma hecha mujer.

Se fue la sexta luna coscoína, disfrutamos a Pocho Sosa y sus canciones del Cuyo, el homenaje a Oscar Cacho Valles, Carlos Di Fulvio y Alberto Muñoz con coplas del Camino Real y las juventudes de Priscila Ortiz y Maggi Cullen.

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