
Lo que pasó en Tucumán dejó al fútbol argentino en el centro de una nueva polémica. Atlético Tucumán derrotó 2-0 a Talleres de Córdoba por la fecha 12 del Torneo Proyección, pero el resultado quedó marcado por un arbitraje cuestionado, decisiones determinantes contra la T y una batalla campal que empañó el final.
El encuentro disputado en el complejo José Salmoiraghi, en Ojo de Agua, tuvo momentos que hicieron estallar la bronca del conjunto cordobés. Talleres terminó el primer tiempo con nueve futbolistas, después de las expulsiones de Joaquín Soria y Daniel Ribera, en decisiones que generaron fuertes reclamos.
La polémica más evidente llegó con la primera tarjeta roja: el árbitro Valentín Ibáñez Meza habría sancionado inicialmente al jugador equivocado, expulsando a Soria por una infracción cometida por otro futbolista. Sin VAR en la categoría, el error no pudo corregirse. Después, Ribera también vio la roja por supuesto exceso verbal. Al finalizar el primer tiempo se acercó el cuerpo técnico de Talleres a buscar explicaciones y el colegiado reaccionó explulsando a dos técnicos.
Con dos hombres menos, Talleres debió afrontar un partido cuesta arriba. En el complemento, además, tuvo la oportunidad de descontar desde el punto penal, pero el remate se fue desviado.
En tiempo adicionado llegó otro momento caliente: Julio Vallejo marcó el 1-0 para Atlético en una jugada en la que las imágenes disponibles no permitieron establecer con claridad si la pelota había cruzado completamente la línea de gol. A los 93 minutos, Gabriel Abeldaño sentenció el 2-0 y festejó provocativamente frente a un rival.
La tensión terminó desbordándose. Fuera del campo de juego se produjo una pelea a golpes de puño entre integrantes del cuerpo técnico de Talleres, entre ellos Rodrigo Acosta y su hermano Lautaro, conocido como el Laucha, y personas vinculadas al conjunto tucumano.
La violencia no tiene justificación y deberá investigarse. Pero tampoco puede ignorarse el papel de un arbitraje que, con decisiones discutidas y una expulsión aparentemente equivocada, condicionó seriamente a Talleres y alimentó un clima de indignación.
Ahora deberán actuar las autoridades: investigar los incidentes, revisar las decisiones arbitrales y determinar las responsabilidades. Porque cuando un partido queda atravesado por semejantes controversias, el fútbol necesita explicaciones, no silencio.
