El actual mandatario de El Salvador, Nayib Bukele, inauguró una megacárcel para convictos, en una Nación con la mayor población penitenciaria del mundo. El presidente salvadoreño está librando una brutal guerra contra las organizaciones criminales, llegando incluso a anularle el derecho a la comida a los reclusos, en un país infestado por las Maras y otras pandillas, con asesinatos con sello narco a plena luz del día—más de 2.030 muertes por el delito en el 2019—.

Completamente rapados y usando la misma vestimenta (shorts blancos) lucen miles de pandilleros dentro de la cárcel más grande de América en El Salvador. Sentados en extensas filas o caminando con la cabeza agachada para ser trasladados son las escenas que han “impactado” al mundo sobre el trato a delincuentes; este escenario ha generado posiciones divididas sobre la gestión de Nayib Bukele.

Este gigantesco penal está ubicado en las afueras de la ciudad de Tecoluca -74 kilómetros al sureste de San Salvador- y destaca por sus rigurosos controles de ingreso y su alta tecnología para la vigilancia.

Ya en la gigantesca prisión, los pandilleros pertenecientes principalmente a la Mara Salvatrucha (MS-13) y a Barrio 18, fueron ingresando por grupos a varias celdas.

El centro penitenciario de máxima seguridad tiene capacidad para 40.000 reclusos, quienes pueden ser sometidos a «celdas de castigo» y no cuentan con espacios de recreación. Frente a este escenario, numerosas organizaciones que velan por los Derechos Humanos han manifestado su preocupación por la medida.

La situación sobre el alimento que se les proporciona a los reos ha generado cuestionamientos por parte de los Derechos Humanos porque de las cárceles han salido más de 120 personas muertas con señales de tortura y muchos con problemas de salud que no fueron atendidos y se dejaron morir en las cárceles.

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