
Mientras el Gobierno recorta programas de atención y cierra centros comunitarios, el narcotráfico gana terreno en los barrios populares con “asistencia” social. En la Argentina de la motosierra, las adicciones ya no son un problema de salud: son un negocio político.
🧨 “No hay plata”… pero sí hay para represores y paraelites
En plena emergencia sanitaria y social, el Gobierno nacional decidió desfinanciar más de 30 Centros de Atención y Acompañamiento Comunitario (CAAC), fundamentales para tratar consumos problemáticos en barrios vulnerables. El argumento fue el de siempre: “No hay plata”.
Sin embargo, en paralelo, se duplicaron los fondos para seguridad, se restituyeron pensiones a militares condenados por delitos de lesa humanidad y se beneficiaron grandes empresarios con exenciones fiscales.
“Nos sacan recursos a nosotros, que laburamos con pibes en consumo, pero aumentan los subsidios a escuelas privadas. Esto no es ajuste: es guerra de clases”, denuncia Mariana Gómez, trabajadora comunitaria de un centro cerrado en el conurbano bonaerense.
🧪 Una crisis de drogas que nadie quiere mirar
Argentina lidera los rankings regionales de consumo juvenil de marihuana, psicofármacos y alcohol. El 21% de la población ha probado cannabis y el uso de drogas sintéticas se disparó en fiestas electrónicas y entre adolescentes. El cigarrillo electrónico, prohibido, se consigue en cualquier kiosco.
Mientras tanto, los hospitales no dan abasto, los centros privados son inaccesibles y el Estado se retira del territorio.
🕳️ Vacío estatal, oportunidad narco
“Donde no llega el Estado, llega el narco”. Esta frase, repetida como cliché, hoy se vuelve literal.
En barrios de Rosario, el conurbano bonaerense y el NOA, bandas narco están suplantando al Estado: organizan ollas populares, financian clubes de fútbol barrial, ofrecen trabajo y hasta “rehabilitación” a jóvenes con consumos.
“Te dan una bolsa de comida, te pagan el sepelio de un familiar, te dan laburo en el búnker. ¿Quién compite con eso si el Estado desaparece?”, cuenta bajo anonimato una militante barrial de Villa Itatí.
😡 “No quieren salvar pibes, quieren sacarlos de la foto”
Para muchos en los barrios, el problema no es sólo el ajuste, sino el desprecio de clase que subyace. “Los pibes pobres con problemas de consumo no importan. Les molesta que estén en la calle, que se vean. No quieren curarlos: quieren esconderlos”, dice con bronca Pablo P. de la organización “Ni Un Pibe Menos por la Droga”.
Esta política de abandono no es nueva, pero ahora se presenta con un cinismo brutal. En lugar de fortalecer redes de contención, se criminaliza la pobreza y se militariza el territorio. El adicto, que antes era enfermo, ahora es enemigo.
💥 El negocio detrás de la crisis: entre el abandono y la represión
Expertos en salud mental alertan que este vacío no es ingenuo. El mercado de las drogas es multimillonario y cuanto más desregulado está el sistema, más rentable es para algunos: narcos, políticos corruptos, sectores de las fuerzas de seguridad.
“Es más barato reprimir que prevenir. Y además, la lógica punitiva alimenta el negocio: cárceles privadas, causas armadas, zonas liberadas. El sistema necesita adictos pobres para funcionar”, analiza un psiquiatra del Hospital Álvarez.
⚠️ Conclusión: ¿Adicciones o abandono planificado?
El cierre de los CAAC, el recorte a Sedronar, la falta de campañas de prevención y el crecimiento de las redes narcoasistenciales no son hechos aislados. Son síntomas de una decisión política: que las adicciones en los sectores populares no importan, mientras no molesten a los de arriba.
En Argentina, hoy el pibe con consumo no encuentra ni un hospital, ni un psicólogo, ni un Estado. Solo encuentra la mano extendida del narco o la bota de la policía.
