
El mundo despide al Papa Francisco, fallecido el lunes a los 88 años, en una ceremonia histórica marcada por la sencillez, la inclusión y el respeto global. Este sábado 26 de abril, miles de fieles y más de 50 jefes de Estado, junto a diez monarcas, asistirán al funeral en la plaza de San Pedro. Posteriormente, el féretro será trasladado a pie hasta la basílica de Santa María la Mayor, donde Francisco será enterrado, cumpliendo así su deseo personal.
El Pontífice será sepultado en la Capilla Paolina, junto a su venerada imagen de la Virgen ‘Salus Populi Romani’. Su tumba, sencilla y en el suelo, llevará grabado su nombre en latín, Franciscus, y su cruz pectoral como único símbolo. Será la primera vez desde 1903 que un Papa no será enterrado en la cripta del Vaticano.
En un gesto emblemático, un grupo de personas pobres y migrantes participará en la ceremonia, destacando el compromiso de Francisco con las «periferias existenciales». El Papa eligió su nombre en honor a San Francisco de Asís, recordando siempre su lema: «No te olvides de los pobres».

Desde Buenos Aires hasta Seúl, pasando por Montevideo y Damasco, se celebran misas y homenajes al primer pontífice latinoamericano. La capilla ardiente instalada en la Basílica de San Pedro ha recibido a más de 50.000 fieles en tan solo un día.
El Vaticano ha anunciado el inicio de los Novendiales, nueve días de luto, y el cierre de la Capilla Sixtina desde el lunes para preparar el Cónclave que elegirá a su sucesor.
Francisco deja un legado de cercanía, reforma y compromiso social. Su paso por el pontificado transformó la manera de ser Papa, acercándolo al pueblo y alejándolo del poder.
