
En el gélido archipiélago noruego de Svalbard está prohibido morir por ley desde 1950. Por sus bajas temperatura los cuerpos enterrados no se descomponen por lo que los virus y las bacterias que provocaron la muerte de la persona podrían conservarse intactas.
Svalbard no sólo es difícil de habitar por sus bajas temperaturas, y porque hay más osos polares que seres humanos, sino porque además está lleno de regulaciones muy excéntricas. La principal razón por la que no existen cementerios en las islas, se debe al permafrost, una capa de suelo congelada permanentemente. Hasta 1928 se enterraba a los muertos en Svalbard.
Este conjunto de islas, situado en el Mar Glacial Ártico está cubierto en un 60% por glaciares y formado por diversas islas, de las cuales solo 3 están habitadas. Su capital, Longyearbyen, es el hogar de unas 2.000 personas procedentes de unos 50 países y es la ciudad más septentrional del mundo. En Svalbard, se dice que existen tres estaciones a lo largo del año: «Verano polar, invierno de la aurora boreal e invierno soleado». Los habitantes de esas islas viven con 4 meses de oscuridad al año y 4 meses de luz las 24 horas del día. El clima es muy extremo con temperaturas que pueden ir de los -14 grados en invierno a los 6 grados en verano.
En otro contexto totalmente diferente a lo aportado, pero de mucha importancia para la humanidad, existe la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, que funciona como la caja de seguridad de un banco, pero para semillas. Es un depósito donde resguardar un ejemplar de cada semilla existente en los bancos genéticos de todos los países para ser replicada en caso de desaparición a causa de catástrofes naturales o conflictos bélicos. Es una contribución noruega a la biodiversidad del planeta y una forma de asegurar el abastecimiento de alimentos para el mundo.
