
Arrancó el Festival de Doma y Folklore de Jesús María y tuvo una noche estelar, casi 15 mil personas se acercaron al Anfiteatro José Hernández para disfrutar de la magia de Abel Pintos. Un artista que logra un poder mágico sobre su público, una conexión pocas veces vista entre una devoción y admiración para con un artista. Y es que Abel es una especie única que conjuga vocación, talento y espectáculo que hace vibrar desde los talones hacia todo el cuerpo.
Pasaron varios artistas, como Jairo, una leyenda que tiene una voz única, la mejor de argentina como lo dictaminó en su momento Mercedes Sosa, y otros grupos con mucha fuerza como Ceibos, pero la realidad que la gente vino por Abel, se palpó en la platea que estuvo vacía casi toda la noche y antes de que subiera Pintos al escenario se llenó por completa.
Quedará como anécdota la destreza de los gauchos sobre el lomo de los equinos en el campo de doma, o se olvidarán de que luego de Abel un borracho burló a la seguridad y puso en dificultades a Cristian Bazán. Porque fue la noche de Abel, hizo y deshizo lo que quiso, y la gente lo acompañó, incluso cuando al principio un desperfecto técnico dejó sin sonido a toda la banda y el público se puso el overol y cantó a más no poder junto a la complicidad del cantante.
No fue una noche más de apertura, estuvo bien elegida la grilla, o bien elegido que sea Abel el artista principal de la primer noche.
