
Lo que comenzó en los años 80 como una moda exótica en el mercado de mascotas se ha transformado en uno de los mayores desafíos ecológicos para las ciudades españolas. La cotorra argentina (Myiopsitta monachus), un ave originaria de Sudamérica, se ha multiplicado en las últimas dos décadas de forma alarmante, provocando impactos negativos en la biodiversidad, la agricultura y la salud pública.
Según datos recientes, en ciudades como Madrid, Barcelona o Málaga, las poblaciones de esta ave han crecido más de un 600 % desde 2005, convirtiéndose en una especie invasora difícil de controlar. Estas cotorras, de plumaje verde brillante y voz estridente, han pasado de ser simpáticas mascotas a plagas urbanas que desplazan a especies autóctonas, dañan infraestructuras y cultivos, y representan un riesgo sanitario.
Introducidas principalmente desde Argentina, Uruguay y Brasil, más de 190.000 ejemplares ingresaron legalmente a Europa antes de la prohibición de importar aves silvestres en 2005. Muchas fueron liberadas por dueños que no podían soportar su ruido constante o sus cuidados, lo que dio lugar a las primeras colonias asilvestradas.
Estas aves se adaptan con facilidad a diferentes climas, construyen nidos comunales gigantes de hasta 500 kilos, se reproducen rápidamente y se organizan en grandes bandadas. Además, se alimentan de semillas, frutas, insectos e incluso huevos de otras aves, afectando directamente a la fauna local.
Un estudio publicado en la revista Diversity and Distributions, liderado por investigadores españoles, ha identificado los principales factores detrás del éxito invasor de la cotorra argentina en España:
- La actividad humana y la urbanización, que ofrecen refugio, alimento y seguridad.
- La idoneidad climática, ya que toleran tanto el frío como el calor.
- La presión de propágulos, es decir, la introducción masiva de individuos silvestres especialmente adaptables.

El Ayuntamiento de Madrid y otras ciudades han implementado planes de control biológico y sanitario para reducir la población de cotorras. Estos planes incluyen la retirada de nidos, el uso de anticonceptivos orales, trampas, e incluso el sacrificio de ejemplares mediante carabinas de aire comprimido, lo que ha generado fuertes críticas de grupos animalistas.
La administración madrileña justifica estas medidas por riesgos para la salud pública y la seguridad ciudadana, ya que los nidos pueden desprenderse sobre peatones o vehículos, y las cotorras pueden actuar como vectores de enfermedades zoonóticas, como la psitacosis.
Expertos advierten que, si no se toman medidas contundentes y coordinadas, la expansión de la cotorra argentina será irreversible en las próximas dos décadas. Algunas zonas agrícolas del interior peninsular y espacios naturales protegidos ya se encuentran en riesgo de ser colonizados, con consecuencias graves para la biodiversidad y la producción agrícola.
“El mayor error fue considerar a esta especie como un simple animal de compañía. Hoy es una amenaza global, y España está en el centro del problema”, afirma el biólogo Antonio Román Muñoz, uno de los autores del último estudio sobre su expansión.
