
Las primeras noches preocupaban a la Comisión del Festival, pero fue en la tercera que, de la mano de La Sole, despertó el gigante dormido. Y es que el lleno fue total en las gradas, y el espectáculo tuvo tintes para todos los gustos, desde la juventud chamamecero de Sele Vera, la música del dúo santiagueño Orellana Lucca, pasando por el vendaval de Arequito, para terminar con el cuarteto de Q’Lokura.
Desde temprano se respiraba otro aire, ya había quedado en el pasado la torrencial tormenta del sábado que obligó a suspender la noche. Pero el cielo despejado, las estrellas fulgurante, presagiaban una gran velada, pese que más al norte los refusilos amenazaban, a lo lejos, amenaza que nunca llegó, sólo una pequeña llovizna.
Sele Vera y Los Pampas, se subió al escenario para demostrar el terreno que ha conquistado en poco tiempo, una subida abismal y que generó un aire de cambio y continuidad al chamamé. Pese a que hace un mes que fue madre, se paró en José Hernández y desando su repertorio. Antes estuvo Facundo Toro, pero antes del horario de transmisión oficial.
Orellana Lucca hicieron lo propio para dejarle el lugar a la estrella de la noche: Soledad Pastorutti. A sus 43 años y con casi 30 años de carrera en la música sigue más vigente que nunca. No le hizo falta revolear el poncho, que no lo hizo, para transmitir toda su fuerza que siempre la caracterizó, hizo delirar al público y hasta ella misma se fue más contenta de los que se imaginaba. En su noche número 25 (esa misma cantidad de años).
Q’Lokura, con Nico y el Chino, le pusieron el cuarteto y el cierre a una gran jornada festivalera. Este lunes se espera mucha juventud de la mano de Los Tekis, pero también la incertidumbre de como reaccionará el público, con la primera banda de rock en toda la historia del festival, de la mano de La Berisso.
