
En uno de los episodios más tensos y simbólicamente contundentes de los últimos años en la diplomacia internacional, decenas de delegaciones abandonaron la sala de la Asamblea General de la ONU justo cuando el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, se preparaba para dar su esperado discurso. El hecho, acompañado de abucheos y protestas masivas en las afueras del edificio, reflejó el creciente aislamiento internacional del líder israelí en medio de la devastadora ofensiva militar sobre Gaza, que ya suma más de 65.000 muertos, según fuentes locales.
La escena fue elocuente: filas de asientos vacíos, delegaciones ausentes, y un Netanyahu visiblemente molesto, hablando ante una audiencia menguada mientras intentaba justificar su guerra con declaraciones que encendieron aún más la controversia.
“¿Acaso los nazis pidieron a los judíos que abandonaran las ciudades?”, lanzó Netanyahu para negar que Israel esté cometiendo un genocidio, comparando la situación con el Holocausto, en una afirmación que provocó repudio inmediato incluso entre aliados históricos.
Altavoces en Gaza: propaganda o crueldad psicológica
La polémica se multiplicó cuando el primer ministro confirmó que había ordenado instalar altavoces en la Franja de Gaza para transmitir su discurso en tiempo real, supuestamente dirigido a los rehenes israelíes aún en manos de Hamás. Sin embargo, la medida fue calificada de «vejación gratuita» y “crueldad sin valor militar” incluso por miembros del propio ejército israelí, que la consideran un uso cínico de la tecnología con fines propagandísticos.
Grupos de derechos humanos y analistas internacionales lo interpretaron como un acto de humillación colectiva hacia una población que ya vive bajo constantes bombardeos, hambre, cortes eléctricos y falta de atención médica.
El mundo responde: reconocimiento a Palestina y acusaciones de antisemitismo
Durante la misma semana, países como Francia, Australia y Canadá oficializaron su reconocimiento del Estado palestino, un movimiento que Netanyahu tildó de “antisemita”. Según el líder israelí, estas decisiones envían un mensaje peligroso: “Asesinar judíos tiene recompensa”, en referencia a los ataques de Hamás del 7 de octubre.
La respuesta internacional no se hizo esperar. El presidente irlandés, Micheál Martin, calificó esas declaraciones de “peligrosas y ofensivas” y recordó que “ningún crimen justifica un genocidio”. En sus palabras ante la ONU, dijo:
“Estamos viendo al ejército más moderno del mundo atacar a una población prisionera”.
Netanyahu, solo en el escenario global
Las imágenes de una sala casi vacía mientras el mandatario israelí pronunciaba su discurso han recorrido el mundo como símbolo del creciente aislamiento diplomático de Israel. Incluso antiguos aliados como Colombia abandonaron formalmente la sesión en señal de protesta, mientras organizaciones internacionales como la ONU, la OMS y Médicos Sin Fronteras advierten sobre una catástrofe humanitaria sin precedentes en Gaza.
La evacuación urgente de niños gazatíes heridos hacia Suiza, el colapso hospitalario y la falta total de alimentos son parte de un escenario donde el 70% de los menores sufre traumas severos y 1 de cada 3 no ha comido en más de 24 horas.
¿El principio del fin para Netanyahu?
Mientras Israel insiste en su derecho a defenderse, la retórica beligerante de Netanyahu, sus ataques verbales a la comunidad internacional, y su rechazo categórico a la creación de un Estado palestino parecen alejar cualquier posibilidad de diálogo o solución pacífica.
Su discurso no fue solo polémico: fue una declaración de guerra prolongada, no solo contra Hamás, sino contra la diplomacia global, los derechos humanos y la propia legitimidad del sistema multilateral de Naciones Unidas.
Y todo esto, ante una sala vacía.
