
La tensión entre Estados Unidos e Irán volvió a escalar tras las declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, quien dio por terminado el entendimiento con Teherán y advirtió que su país podría lanzar nuevos ataques si continúan las acciones iraníes en la región.
El mandatario aseguró que Estados Unidos no permitirá que Irán desarrolle un arma nuclear y calificó de «muy grave» el comportamiento del régimen iraní. Además, afirmó que Washington responderá «con fuerza» ante cualquier nueva amenaza y volvió a situar el estrecho de Ormuz en el centro del conflicto, una ruta clave para el comercio mundial de petróleo.
Las declaraciones generaron preocupación en los mercados energéticos, impulsando el precio del crudo, mientras crece la incertidumbre sobre la estabilidad en Oriente Medio y la seguridad del transporte marítimo.
La respuesta de Teherán no tardó en llegar. El contralmirante Habibolá Sayari, comandante adjunto del Ejército iraní para Asuntos de Coordinación, advirtió que cualquier intento de desembarcar tropas extranjeras en las costas iraníes convertiría el litoral del país en un «infierno» para las fuerzas invasoras.
El alto mando militar sostuvo que las Fuerzas Armadas iraníes y el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica están preparadas para defender el territorio nacional y aseguró que ningún ejército podrá establecer una presencia militar en suelo iraní.
En paralelo, la Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA) recomendó evitar los espacios aéreos de Irán, Irak y Líbano debido al elevado riesgo de nuevas acciones militares, mientras la comunidad internacional sigue con atención una crisis que amenaza con provocar una nueva escalada en la región.
