
Cuatro vidas perdidas, tres de ellas de niños. Otra tragedia evitable en una de las rutas más transitadas del país. El siniestro fatal ocurrido el pasado domingo en la Ruta Nacional 19 desató no solo el dolor de una comunidad entera, sino también una ola de indignación y reclamos hacia el Gobierno nacional por el abandono sistemático de una obra clave: la autopista que nunca se terminó.
El intendente de Arroyito, Gustavo Benedetti, rompió el silencio institucional y publicó una carta abierta dirigida directamente al presidente Javier Milei. Sin rodeos, exigió la reactivación urgente de los 63 kilómetros inconclusos de autopista que —según denunció— ya se cobraron decenas de víctimas en los últimos años. “Ya no queremos más muertes”, escribió, y la frase se viralizó como un grito colectivo.
¿Cuántos muertos más necesita el Gobierno para reaccionar?
La Ruta 19 tiene un flujo de 15.000 vehículos diarios. Es una vía nacional clave que conecta Córdoba con Santa Fe, pero en uno de sus tramos más transitados sigue operando como una trampa mortal. El Gobierno de Milei paralizó las obras que ya venían con demoras estructurales de gestiones anteriores, y hoy el resultado es una carpeta asfáltica desbordada, sin mantenimiento, sin iluminación y con banquinas inexistentes.
La tragedia del domingo lo expuso con brutal claridad: un Fiat 147 con seis personas fue embestido violentamente por un Volkswagen Bora conducido por un joven de 19 años. El padre y sus tres hijos murieron en el acto. Dos adolescentes están internadas. El conductor del Bora, ahora detenido, dio negativo en el test de alcoholemia. ¿Y el Estado? Ausente.
El reclamo que sacude la política cordobesa
“La ciudadanía es víctima sistemática de accidentes viales”, dice la carta de Benedetti, quien acusó al Gobierno nacional de mirar para otro lado mientras la tragedia se repite. En los últimos meses, el hospital municipal de Arroyito atendió a más de 63 personas heridas en siniestros viales solo en ese tramo.
Aunque el intendente aclaró que no hay una relación directa entre esta tragedia y el estado de la ruta, dejó en claro que la falta de infraestructura es parte de un patrón de negligencia estructural, tanto del Gobierno nacional como de anteriores administraciones.
El silencio de Nación y la politización de la muerte
Desde Casa Rosada no hubo, hasta ahora, ninguna respuesta oficial. La inacción indigna aún más cuando el pedido no es nuevo: vecinos, intendentes y autoridades provinciales vienen alertando sobre la peligrosidad del tramo desde hace años. Pero la obra quedó en el limbo burocrático y presupuestario, víctima del ajuste libertario.
En un país donde se prioriza el “déficit cero”, las rutas se pagan con vidas.
Comunidades en duelo y en lucha
Las escuelas, parroquias y organizaciones de Arroyito se movilizaron para acompañar a las familias, pero también para exigir justicia y soluciones concretas. “La muerte de inocentes no puede dejarnos indiferentes”, dijo el párroco local. Los alumnos de la escuela a la que iban los niños fallecidos tuvieron que suspender actividades. El dolor es inmenso. Pero también es político.
—
¿Será necesario un escándalo nacional para que se termine una autopista que prometieron hace más de una década? ¿Cuánto vale una vida en el cálculo de la política?
Las respuestas aún no llegaron desde Buenos Aires. Mientras tanto, la RN19 sigue ahí: rota, olvidada, mortal.
