Los encantadores de serpientes, una figura tradicionalmente asociada a espectáculos exóticos, siguen siendo una práctica común en diversas regiones de Asia y África del Norte. Sin embargo, detrás de la fascinante habilidad para «hipnotizar» a estos reptiles, se oculta una realidad sombría: el maltrato animal.

En lugares como India, Pakistán, Egipto y Marruecos, los encantadores de serpientes mantienen a estos animales en cestas y los manipulan en público, mientras tocan una flauta conocida como «pungi». La serpiente, normalmente una cobra u otro tipo de reptil venenoso, es forzada a realizar ciertos comportamientos bajo la amenaza de dolor físico. Mediante el uso de técnicas de condicionamiento operante aversivo, el animal aprende a «obedecer» para evitar el golpe contra un vidrio o el castigo físico.

Este método, basado en la repetición forzada, pone en evidencia el sufrimiento que experimentan las serpientes. En muchos casos, los encantadores recurren a medidas drásticas, como la extracción de colmillos o incluso coser la boca de las serpientes para evitar que puedan morder. Estas prácticas son un claro ejemplo de explotación animal, que pone en peligro tanto la salud física como emocional de los reptiles.

A pesar de la creencia popular, estudios recientes han desmentido la idea de que las serpientes son sordas. Aunque carecen de oídos externos, las serpientes tienen una capacidad única para percibir sonidos a través de las vibraciones que viajan por el aire. Esto desafía la noción de que los reptiles no responden a los estímulos sonoros y pone en duda las técnicas utilizadas por los encantadores.

Aunque el encantamiento de serpientes tiene una larga historia, que data de tiempos antiguos en Egipto y la India, hoy en día está perdiendo popularidad debido a las leyes de protección animal que prohíben la captura y manipulación de serpientes. En 1972, la India promulgó una ley que prohíbe la posesión de serpientes, un paso importante para la protección de estas criaturas, aunque muchos encantadores han protestado ante la pérdida de su medio de vida.

A pesar de los esfuerzos por proteger a los animales, muchos encantadores continúan con la tradición. Sin embargo, la conciencia sobre el bienestar animal está creciendo, y las organizaciones internacionales instan a erradicar este tipo de prácticas que, aunque culturales, representan una forma de maltrato hacia los animales.

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