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A pesar del riesgo de persecución legal, amenazas de muerte y rechazo social, el ateísmo continúa ganando terreno entre personas de origen musulmán en distintas partes del mundo, particularmente en Medio Oriente y el norte de África. Así lo constata el sociólogo franco-argelino Houssame Bentabet, quien recientemente concluyó una tesis sobre el abandono del islam en Francia, y cuya investigación apunta a una tendencia creciente, aunque aún profundamente silenciada.
El fenómeno se hizo visible en 2017 durante una histórica conferencia organizada en Londres por el Consejo de Exmusulmanes de Inglaterra (CEMB), donde se reunieron disidentes religiosos de más de 30 países para reclamar el derecho a la libertad de conciencia y denunciar las leyes que castigan la apostasía con la muerte en varios países musulmanes.
“La religión está tan entrelazada en el tejido social que renunciar a ella es más difícil que salir del clóset como homosexual”, explicó Bentabet. Su investigación revela que los caminos hacia el ateísmo son diversos: desde activistas que denuncian abiertamente el castigo a los apóstatas, hasta quienes viven su incredulidad en secreto, incluso frente a sus familias.
La doble vida de los no creyentes
Los testimonios recogidos en países como Túnez, Egipto, Irak o Arabia Saudita reflejan el temor de muchos jóvenes no religiosos a ser descubiertos. Algunos ayunan durante el Ramadán o asisten a rituales religiosos para evitar sospechas. Una joven tunecina de 27 años confesó que finge dormir para evitar celebraciones religiosas familiares. “Tengo una doble vida todo el tiempo”, dijo. “Es mejor que tener conflictos todos los días”.
En países donde la blasfemia o el “desacato a la religión” están tipificados como delito, expresarse como ateo puede tener consecuencias legales. En Irán, dos hombres fueron ahorcados en 2024 por comentarios considerados blasfemos en redes sociales. En Arabia Saudita, un joven fue condenado a diez años de prisión y 2.000 latigazos por publicar contenido ateo en Twitter.
Internet, el refugio invisible
Internet se ha convertido en una herramienta clave para conectar a no creyentes que viven aislados. A través de redes sociales o foros anónimos, muchos encuentran apoyo y comparten experiencias. No obstante, el mundo digital también es vigilado, y algunos han sido detenidos por su actividad online.
“El ateísmo no es nuevo en el mundo musulmán, pero hoy es más visible gracias a las redes”, afirma Bentabet. “Sin embargo, sigue siendo un tema tabú, y la condena moral o legal sigue estando presente, incluso en las diásporas”.
Una tendencia en crecimiento
Según un estudio del Instituto Montaigne en Francia, un 15 % de los hijos de padres musulmanes ya no se identifican con el islam. En contraposición, sólo un 7,5 % se convierten a esta religión sin antecedentes familiares.
Bentabet sostiene que el fenómeno seguirá creciendo: “Desde 2014 he visto cómo el número de exmusulmanes o ateos ha aumentado significativamente. Esto ya no puede ocultarse. El ateísmo progresa, y está empezando a hacer ruido”.
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