
El pasado sábado, un torneo de fútbol amateur en Córdoba vivió una escena de violencia extrema durante la final del Torneo Imperial, disputado en un predio cercano a la colectora Córdoba-Juárez Celman. La pelea comenzó tras una agresión de un jugador a otro, lo que desató una feroz batalla campal entre jugadores y allegados de ambos equipos. Se arrojaron sillas, piedras y hasta cajones de cerveza, mientras corridas, golpes de puño y patadas fueron el pan de cada minuto.
El descontrol se apoderó del lugar, generando gran preocupación entre los espectadores, especialmente familias que se habían acercado a ver el partido. En las imágenes captadas, se puede ver a mujeres y niños intentando escapar de la violencia, y un cochecito de bebé quedó a pocos metros de un hombre lanzando un sillazo. La situación llevó a la suspensión del encuentro.
Este tipo de episodios de violencia, impulsados por la alta competitividad de los jugadores, el creciente número de espectadores y la presencia de alcohol, se han vuelto relativamente frecuentes en las finales de campeonatos de fútbol amateur. Sin duda, un hecho preocupante que refleja los riesgos de estas situaciones en espacios que no siempre cuentan con las condiciones adecuadas para contener este tipo de conductas.
