En una sorpresiva y contundente decisión, el intendente de la ciudad de Córdoba, Daniel Passerini, solicitó este lunes la renuncia de todo su gabinete, incluidos secretarios, subsecretarios, directores de CPC, autoridades de entes descentralizados y empresas municipales como TAMSE, COyS, Cormecor y BioCórdoba. La medida se tomó a poco más de un año del inicio de su gestión y en medio de una creciente crisis política, financiera y de gestión.

La determinación fue comunicada durante una reunión de gabinete realizada en el Palacio 6 de Julio, en un contexto signado por el déficit económico del municipio, cuestionamientos por el mal funcionamiento de servicios públicos y un visible desgaste político dentro del oficialismo local.

Fuentes cercanas al gobierno municipal indicaron que la medida apunta a una reestructuración profunda del equipo de gobierno, que incluiría una reducción del 30% en la planta política y la incorporación de funcionarios alineados al gobernador Martín Llaryora, ex intendente de la ciudad.

El pedido masivo de renuncias se produce tras el desembarco de un funcionario del Ministerio de Finanzas provincial para auditar las cuentas municipales, lo que muchos interpretan como una intervención de hecho de la administración provincial en la capital cordobesa. Esta situación refleja tensiones crecientes dentro del peronismo cordobés, en medio de un año electoral clave.

En las últimas semanas, la gestión de Passerini ya había sufrido la salida de figuras clave, como Claudio Vignetta, exsecretario de Seguridad y Prevención Urbana, y Gabriel Bermúdez, exsecretario de Movilidad Urbana, este último apartado tras una denuncia judicial. Las remociones habrían sido preludio del reajuste generalizado que ahora se oficializa.

Desde el entorno del gobernador Llaryora aseguran que la decisión busca “fortalecer la gestión municipal”, pero en los hechos representa un reposicionamiento político del llaryorismo en la ciudad, con el objetivo de consolidar el control territorial de cara a las legislativas de octubre.

Passerini, que aún conserva el cargo, deberá definir en los próximos días qué funcionarios serán ratificados y quiénes integrarán el nuevo equipo. Mientras tanto, el clima en la Municipalidad es de incertidumbre total y desconfianza interna, mientras crecen las críticas de sectores opositores y vecinos ante el deterioro de los servicios públicos y el aumento de tasas.

La crisis deja en evidencia un escenario donde el hartazgo social y la fragmentación política amenazan con alterar el mapa de poder de una de las ciudades más importantes del país.


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