
La reciente publicación de millones de documentos judiciales vinculados a Jeffrey Epstein ha vuelto a colocar bajo escrutinio a Sarah Ferguson, exduquesa de York, por su relación prolongada con el financiero condenado por delitos sexuales contra menores.
Los correos, revelados por investigaciones periodísticas de la BBC y The Guardian, muestran que Ferguson mantuvo contacto con Epstein incluso después de su condena en 2008. En los mensajes, ella le pide ayuda económica y apoyo para proyectos personales y benéficos, utiliza un tono afectuoso y llega a describirlo como su “pilar” en momentos de vulnerabilidad emocional. No existen acusaciones penales contra Ferguson, pero el contenido ha tenido consecuencias reputacionales directas.
Entre las revelaciones más delicadas figuran peticiones urgentes de dinero, intentos de gestionar encuentros en palacios reales y menciones a sus hijas, las princesas Beatriz y Eugenia. En paralelo, Epstein aparece en los correos intentando lavar su imagen pública y usando sus vínculos sociales como escudo.
El impacto más tangible ha sido el cierre de la ONG de Ferguson, Sarah’s Trust, tras la ruptura de apoyos institucionales. Todo ello vuelve a subrayar que el caso Epstein no fue solo un escándalo sexual, sino parte de una red de poder donde dinero, élites políticas y relaciones personales operaron durante años con un alto grado de impunidad.
Epstein murió en prisión en 2019, pero las revelaciones continúan mostrando cómo su red de influencia alcanzó a instituciones clave y figuras de alto perfil, mientras las víctimas siguen reclamando justicia.
