
La inestabilidad en la cúpula policial vuelve a quedar en evidencia tras el apartamiento del comisario general Juan Pablo Esquivel, quien fue pasado a situación pasiva de manera preventiva mientras se investiga un presunto episodio de índole privada ocurrido durante un evento en el estadio Kempes.
Aunque no existe hasta el momento una denuncia penal ni imputación en su contra, el Tribunal de Conducta de las Fuerzas de Seguridad resolvió separarlo del cargo, retirarle el arma reglamentaria y reducir su salario mientras avanza la investigación. La medida responde a los protocolos vigentes, especialmente ante situaciones que podrían encuadrarse en violencia de género.
El desplazamiento de Esquivel reabre un problema estructural: en los últimos ocho años, diez comisarios generales pasaron por la Dirección de Seguridad Capital, el área encargada de la prevención del delito en la ciudad de Córdoba. Se trata del distrito más sensible en términos de percepción de inseguridad y uno de los principales focos de reclamo ciudadano.
La mayoría de los relevos no obedecieron a recambios naturales, sino a crisis internas, denuncias o decisiones políticas. Casos emblemáticos, como el homicidio de Blas Correas en 2020, derivaron en purgas dentro de la fuerza y aceleraron cambios en la conducción.
En este contexto, ya se analizan posibles reemplazos. Uno de los nombres que suena es el del comisario general Cristian Mazza, quien ya ocupó el cargo y fue apartado en 2024 tras una denuncia que luego fue archivada por la Justicia.
La rotación constante en un área clave plantea interrogantes sobre la continuidad de las políticas de seguridad y la capacidad de la fuerza para sostener estrategias a largo plazo. Mientras tanto, la inseguridad sigue encabezando las preocupaciones de los vecinos.
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