
La tensión en Oriente Próximo ha alcanzado uno de sus puntos más críticos tras la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra Irán y el aumento de los enfrentamientos en la región del Golfo Pérsico.
El ejército estadounidense anunció la destrucción de 16 embarcaciones iraníes presuntamente destinadas a colocar minas en el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas del planeta por donde circula alrededor del 20% del petróleo mundial. La operación se produjo en medio de advertencias del presidente estadounidense, Donald Trump, quien amenazó a Teherán con represalias militares “a un nivel nunca visto” si se confirma la colocación de minas en la zona.
Mientras tanto, el conflicto ya ha provocado cerca de 150 soldados estadounidenses heridos tras ataques de represalia con misiles y drones atribuidos a fuerzas iraníes. El Pentágono confirmó que la mayoría de las lesiones son leves, aunque varios militares permanecen en estado grave.
La Casa Blanca aseguró que la ofensiva terminará “cuando el presidente lo decida” y reiteró que el objetivo es obligar a Irán a aceptar una “rendición total”. Desde Israel, el ministro de Exteriores Gideon Saar afirmó que su país no busca “una guerra interminable”, aunque subrayó que la decisión final sobre el final del conflicto se coordinará con Washington.
Irán rechaza las acusaciones de que planeara atacar primero a las fuerzas estadounidenses. El ministro de Exteriores iraní calificó esa versión como “una mentira absoluta” y acusó a Estados Unidos e Israel de haber iniciado una operación militar injustificada.
La escalada ya está afectando al comercio mundial. El tráfico de petroleros por el estrecho de Ormuz se encuentra prácticamente paralizado por el alto riesgo de ataques, mientras varias compañías energéticas han reducido su producción ante la imposibilidad de transportar el crudo.
Ante la creciente preocupación internacional, Francia convocó una reunión urgente de líderes del G7 para analizar el impacto económico del conflicto. Al mismo tiempo, el Consejo de Seguridad de la ONU votará una resolución relacionada con los ataques en la región.
La evolución de las próximas horas será clave para determinar si el conflicto se encamina hacia una desescalada diplomática o hacia una expansión regional de mayores consecuencias.
