En la jornada del domingo se vivió una triste jornada en Brasilia, donde seguidores bolsonaristas decidieron atacar a la democracia atacando la sede de los tres poderes. Fue una imagen repetida de lo que sucedió en el Capitolio de Estados Unidos cuando Donald Trump y sus seguidores quisieron impedir la toma del poder del nuevo presidente electo, en ese momento, de Joe Biden. Lo mismo ocurrió en Brasil en la cual una manifestación «pacifista» rompió la valla policial y se adentró en la sede del poder, llevando a cabo destrucción y ataque a las instituciones.

Lo titulamos el día después porque si bien no se vivió la misma violencia, fue una sucesión de sucesos diversos en los cuales la Corte ordenó el desalojo de los manifestantes que acampaban y detuvieron a 1.200 personas. Porque Lula se reunió con los líderes de los otros poderes para entablar conversaciones sobre lo sucedido.

Por su parte Jair Bolsonaro, quien se fue hacia Estados Unidos dos días antes de la asunción de Lula Da Silva, negó estar implicado en los hechos y luego por fuertes dolores abdominales fue ingresado a una clínica en el país norteamericano.

La condena internacional fue contundente, desde el Papa, pasando por los países norteamericanos, los europeos, sudamericanos, China, entre otros. El grado de ataque a las instituciones por una horda fanática de seguidores es muy grave para la democracia, se pasó un límite, pero también es un reflejo de la sociedad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *