
La guerra en Ucrania ha entrado en una nueva fase marcada por ataques ucranianos de alta precisión y bajo costo contra infraestructuras clave del Ejército ruso, lo que ha generado no solo consecuencias militares, sino también tensiones inesperadas entre Moscú y su mayor aliado, China.
En solo una semana, las Fuerzas Armadas de Ucrania han logrado neutralizar al menos 41 aeronaves rusas —algunas con capacidad nuclear— mediante el uso masivo de drones kamikaze. Los ataques afectaron principalmente a bases en retaguardia como Savasleyka, a más de 400 km de la frontera, donde se reportaron daños a cazas MiG-31K y Su-34.
Además, un golpe simbólico fue el daño estructural al puente de Kerch, que une a Rusia con la península de Crimea. Según fuentes ucranianas, el ataque fue realizado por un pequeño submarino no tripulado que afectó los cimientos del paso, clave para el suministro logístico ruso en el sur.
Mientras Ucrania celebra lo que llama la “Operación Telaraña”, en Moscú crecen las preocupaciones. Según un reporte publicado este lunes por The New York Times, la inteligencia rusa sospecha que está siendo espiada por China, a pesar de la alianza militar y económica que ambos países promueven públicamente. El informe detalla que oficiales del FSB, heredero directo de la KGB, han alertado al Kremlin sobre movimientos “inquietantes” por parte de los servicios de inteligencia chinos en territorio ruso.
“La era dorada entre Moscú y Pekín podría no ser tan sólida como aparenta”, advirtió un analista citado por el medio estadounidense. La sospecha china se suma a las dificultades internas de Rusia, que busca proteger sus bombarderos Tu-160 alejándolos del frente ucraniano y reubicándolos en bases cercanas a Alaska, en lo que muchos califican como una maniobra defensiva paradójica.
En paralelo, el presidente ucraniano Volodimir Zelenski expresó su frustración por el desvío de 20.000 misiles estadounidenses originalmente prometidos a Ucrania, que han sido enviados en su lugar a Oriente Próximo para contrarrestar amenazas iraníes. “Contábamos con esa defensa. Nos los han quitado en un momento crítico”, declaró Zelenski en una entrevista con la cadena ABC.
La escalada también ha llevado a la OTAN a reforzar su postura. El nuevo secretario general, Mark Rutte, pidió este lunes aumentar en un 400% las capacidades de defensa aérea y antimisiles de la Alianza, calificando el momento actual como “crucial para la seguridad europea”.
Pese al devastador impacto de los últimos bombardeos rusos —479 drones Shahed en una sola noche, según Kyiv—, Ucrania mantiene la iniciativa táctica gracias a la innovación tecnológica, como su nuevo sistema “Sky Fortress” de detección de drones, mucho más económico que los sistemas convencionales occidentales.
En un raro momento de alivio, ambos bandos confirmaron hoy el primer intercambio de prisioneros de guerra menores de 25 años, aunque las negociaciones de paz en Estambul siguen estancadas. El Kremlin insiste en una “franja de seguridad” en el este ucraniano, mientras Kyiv demanda una tregua total e incondicional.
La guerra, que ha entrado en su cuarto año, muestra signos de transformación. Ya no se trata solo de trincheras y tanques, sino de drones, espionaje cruzado y alianzas que crujen.
