
En una nueva escalada del conflicto que sacude Europa desde 2022, Ucrania lanzó este sábado una ofensiva coordinada con drones sobre la región de Moscú en respuesta al mayor ataque aéreo ruso registrado en semanas, que dejó al menos cinco muertos y más de veinte heridos en distintas ciudades ucranianas, especialmente en Járkov.
Según el Estado Mayor ucraniano, las fuerzas de Kiev lograron derribar un avión de combate ruso Su-35 en el espacio aéreo de la región de Kursk, un hecho confirmado mediante imágenes aéreas difundidas en redes oficiales. Además, se reportaron explosiones en los alrededores de la capital rusa tras el impacto de varios drones, lo que obligó a cerrar temporalmente los aeropuertos internacionales de Domodedovo, Sheremetyevo y Zhukovsky.
Por su parte, el Ministerio de Defensa ruso aseguró haber interceptado 36 drones ucranianos en cinco regiones, incluidos cinco sobre Moscú, aunque no se reportaron víctimas mortales. «Los fragmentos están siendo analizados por especialistas de emergencia», informó el alcalde Serguéi Sobianin.
A la par del recrudecimiento militar, se ha producido un retroceso en el único canal activo de negociación: el intercambio de prisioneros. Moscú acusa a Kiev de aplazar «sin explicación clara» el canje de soldados heridos y menores de 25 años, así como la recuperación de más de 6.000 cuerpos de militares ucranianos. Ucrania, por ahora, guarda silencio oficial sobre la acusación.
«El grupo negociador ucraniano no se presentó al lugar del intercambio», lamentó el jefe negociador ruso, Vladímir Medinski, a través de su canal de Telegram.
La tensión también crece en el plano internacional. Corea del Norte ha prometido “apoyo incondicional” a Rusia, lo que ha motivado un ultimátum por parte de Estados Unidos, que advierte del peligro de una escalada nuclear si se sigue apuntando a bases estratégicas rusas.
«Ucrania también puede jugar a este juego», declaró el enviado especial estadounidense Keith Kellogg, en relación con los ataques recientes a bases que albergan bombarderos con capacidad nuclear.
La ciudad ucraniana de Járkov, epicentro de los bombardeos rusos más recientes, sufrió lo que las autoridades locales describen como “el ataque más potente desde el inicio de la guerra”, con 48 drones kamikaze, dos misiles balísticos y cuatro bombas guiadas. Entre los heridos se encuentran un bebé de un mes y medio y una adolescente de 14 años.
«Los rusos atacan nuestras ciudades como si no hubiera mañana», denunció el alcalde Igor Terekhov, mientras los equipos de emergencia trabajaban entre los escombros.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, advirtió que Rusia podría estar preparando una ofensiva camuflada desde Bielorrusia este verano, bajo el marco de las maniobras militares Zapad 2025, lo que ha despertado alarma en Kiev, Vilna y Varsovia. «No se trata de defensa, es una amenaza directa», advirtió un asesor de la oposición bielorrusa.
