El reciente acto de asunción de Cristina Fernández de Kirchner como presidenta del Partido Justicialista (PJ) fue una clara muestra de su postura frente a la situación política y económica actual del país, particularmente de su crítica hacia el gobierno de Javier Milei. En su discurso, Cristina no solo reflexionó sobre el contexto de la Argentina bajo la administración de Milei, sino que también aprovechó la ocasión para marcar su retorno a la escena política y reforzar su liderazgo dentro del peronismo.

Cristina comenzó su intervención mencionando dos preguntas clave: «¿Qué está pasando?» y «¿Por qué nos pasa?». En relación con la primera, criticó las propuestas extremas de Milei, como la dolarización y la «motosierra contra la casta». Para ilustrar esta metáfora, comparó al presidente con un vecino que, con una motosierra en mano, amenaza a los demás sin importarles las consecuencias. La exmandataria destacó la aceptación social a «un ajuste violento» en ciertos sectores, siempre y cuando no afecte a las clases medias o altas, lo que atribuyó a una falta de conciencia social más amplia sobre las consecuencias de esas medidas.

Cristina también comparó el gobierno de Javier Milei con el de José Alfredo Martínez de Hoz en la dictadura, al señalar que el país está atravesando un proceso de «valoración financiera» sin una propuesta de modelo productivo claro, algo que considera perjudicial para la economía nacional. En cuanto a la relación de Milei con Estados Unidos, la ex presidenta no escatimó críticas, sugiriendo que el presidente está obsesionado con figuras como Elon Musk, pero sin comprender realmente el papel de la industria y la tecnología en el desarrollo económico.

Uno de los puntos más álgidos de su discurso fue la autocrítica sobre la firma del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) durante su gobierno. Cristina consideró este hecho como «fatal» y «letal», planteando que esa decisión dejó un legado que facilitó el ascenso de Milei.

Además, en un tono irónico y desafiante, Cristina sacó a relucir la tapa del diario Clarín de 2015 que acusaba a su hijo Máximo Kirchner de tener cuentas offshore, y la comparó con los jeroglíficos egipcios, sugiriendo que esa tapa de prensa refleja cómo los medios han jugado un papel fundamental en la construcción de narrativas sobre el kirchnerismo. También, en un tono desafiante hacia los libertarios, recordó que el juez Ariel Lijo había sobreseído a figuras como Amado Boudou, enviando un claro mensaje a aquellos que critican al kirchnerismo.

Finalmente, Cristina delineó cinco «tareas fundamentales» para el PJ: formar, informar, planificar, divulgar y organizar, reafirmando su intención de reagrupar al peronismo hacia las elecciones legislativas de 2025. A pesar de las tensiones internas dentro del partido, con figuras como Axel Kicillof y Ricardo Quintela distantes de su línea, Cristina dejó claro que su liderazgo se consolidará en torno a un proyecto de unidad.

Su discurso también incluyó referencias a la actualidad interna del peronismo, con la ausencia de Kicillof en el evento, lo que refleja las divisiones dentro del espacio. Sin embargo, la figura de Cristina sigue siendo un ancla de poder dentro del justicialismo, con un discurso firme y desafiante hacia el actual gobierno de Milei.

El acto estuvo marcado por la ausencia de figuras clave, como los gobernadores que se alinean con Milei, lo que enfatizó aún más las tensiones internas. Sin embargo, Cristina pareció estar decidida a consolidar su liderazgo y movilizar al PJ de cara al futuro, a pesar de los desafíos que se le presenten.

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